¡Señor, ante todo permíteme abrirte el corazón y enséñame a orar para que siempre sea capaz de encontrar tu rostro allí donde vaya!
¡Ayúdame a escuchar tus susurros para escuchar tu voz!
¡llumina mi rostro y aclara mi mirada para que sea capaz de discernir tu voluntad y descubrir lo que de mi deseas!
¡Dame el valor para aceptar las cosas que deben cambiar en mi vida para hacerla más acorde a tu voluntad y los planes que tienes pensados para mi!
¡Concédeme la gracia, Señor, de comprometerme a ser un buen cristiano, a estar siempre alegre pese a las dificuitades, a estar siempre dispuesto al servicio, a manifestar la verdad de tu Buena Nueva, a ser activo difusor de tu Evangelio, a ser coherente en mi vida cristiana!
¡Enséñame, Señor, a orar para encontrar tu rostro en la naturaleza, en las personas que están cerca mío, en los acontecimientos de la vida!
¡Que mi mirada, Señor, sea para llamarte amigo fiel, hermano querido y sentir tu aliento protector, tu amor infinito y tu misericordia divina!
¡Envía tu Espíritu sobre mi, Señor, y guíame para transformar mi vida, fortalecer mis convicciones, para ser modelo, para que todos mis gestos y actitudes se asemejen a los tuyos, para que mis proyectos e ilusiones estén impregnados con tu sello, para caminar según tu voluntad, para cambiar cuando me desvíe de la senda correcta, para comprometerme en la fe y en el camino de la verdad, para que mi vida cristiana sea levadura y fermento, luz y alegría!
¡Gracias, Señor, por tu presencia en mi vida!
¡Dame más generosidad en mi entrega y más constancia en mi vida de fe;
fortalécela, aviva mi esperanza y confianza que tantas veces decae, activa mi amor por ti y por el prójimo y haz que los proyectos de mi vida estén llenos de tu presencia!
Amén.

