Oh gloriosa Virgen del Carmen,
Madre y Reina del Monte Carmelo,
hoy me acerco a ti con humildad y confianza.
Cúbreme con tu santo manto,
protégeme en los peligros del cuerpo y del alma, guía mis pasos por el camino del bien y acompáñame en cada momento de mi vida.
Virgen Santísima, consuela mis tristezas, fortalece mi fe, ilumina mi mente y llena mi corazón de paz y esperanza.
Intercede ante tu Hijo Jesús por mí y por mi familia. Líbranos de todo mal,
de las enfermedades, angustias y peligros, y ayúdanos a vivir siempre en el amor de Dios.
Madre del Carmelo, estrella del mar y auxilio de los cristianos, no nos abandones nunca y acompáñanos especialmente en la hora de nuestra muerte.
Amén.

